LA GRAN MENTIRA DEL AMOR A LOS HIJOS
Si alguien te pregunta si amas a
tus hijos seguramente la respuesta será inmediatamente ¡Por supuesto que si!
Y si te replican que entonces
porque no les pones atención en la escuela, no los llevas de paseo, no juegas con
ellos, no les corriges las tareas, no les dices ‘te quiero’ y todavía más allá,
porque no les enseñas valores como respeto a los mayores, honestidad y no tomar
lo que no es suyo, no decir mentiras, no decir ‘majaderías’, respetar a la
mujer y no hablar mal de ninguna de ellas, asear su habitación, reconocer sus
errores, pedir una disculpa, ayudar en los quehaceres de la casa, etc.
Seguramente tu respuesta sería los miles de pretextos que como buenos padres
mexicanos tenemos: “es que trabajo”, “mis padres a mi nunca me dijeron que me
querían”, “no tengo tiempo”, “el que no tranza no avanza”, “en mi familia todos
hablamos asi”, “eso lo aprende en otro lado, yo no se lo enseño”, “ el más fuerte es el que gana”, “los
hombres no lloran”, “eso no es para hombres”, etc.
Tú estás educando a tus hijos como crees que debe ser, o como
puedes, o como sale porque ser padre es la carrera mas difícil y de tiempo
completo que haya.
Es una pena que no todos lo
entienden ni saben cómo mejorar o enmendar errores y lo más alarmante: cada día
hay más jóvenes que no les interesa.
Ser padres no es sólo traerlos al
mundo y procurar sus necesidades básicas como alimento, higiene, vestido,
calzado, vivienda y escuela. ¡No! Eso lo puede hacer cualquier institución del
gobierno o de beneficencia sin tu presencia. Ser padre comienza exactamente
después de eso.
Ser padre inicia cuando estás
dispuesto a dejar tu descanso, a dejar tu partido de futbol, a dejar tu cama,
tu sueño, a dejar a tus amantes, a dejar tu flojera, a dejar tus pretextos, a
dejar de culpar a todos por tu mala suerte, a dejar tu propio bienestar con tal
de que tu hijo o hija mejore en todos los aspectos de su vida.
México se convulsiona en medio de
la corrupción y la violencia que cada día crece y nos atemoriza, pero toda esa
realidad inició un día en que muchas personas tuvieron hijos y no quisieron ser
padres, PADRES con mayúsculas, que les enseñaran valores, hábitos, que les
enseñaran lo que es correcto y los motivaran para hacerlo aunque no quisieran.
Hoy un niño te dice “no quiero” y te cruzas de brazos porque es más fácil
argumentar “es que no se que hacer” a buscar soluciones, es más fácil dejar que
lo “eduquen” en la escuela a
hacerte responsable de su mala conducta, es más fácil ser experto en
pretextos que afrontar tus responsabilidades, es más fácil molestarte al leer
esto que reflexionar si algo te sirve, si puedes mejorar como padre y como ser
humano, si puedes iniciar un cambio a estas alturas de tu vida. PIENSA.
¿En verdad amas a tus hijos?